Darse cuenta

Últimamente me he hecho consciente de lo mucho que escucho música. En un punto dado, me sorprendió cuántas canciones y estilos quería compartir; que me apetecía y me llenaba la idea de tener una conversación de explorar, comentar y compartir. Lo hacía pq quería ser el tipo de persona guay que sabe recomendar música… pero el caso es que me acostumbré a ello pq, la mitad del tiempo, escucho música para tapar mis pensamientos o para aislarme de mi entorno. Es algo que tengo más que observado.

Apenas estoy empezando a entenderlo y a verlo, pero noto cómo la emoción detona el pensamiento a veces. Empiezo a ver que no es tanto que mis habilidades sean “x”, o que el trabajo “y” no sea el adecuado. La presión que me meto yo misma, la gestión nefasta, invisible de mis emociones, entre otras cosas, son lo que hacen que no sepa gestionar mi vida. Tal vez esté “descubriendo la rueda” ahora, pero “mi problema” soy yo es mi mente. El problema es que soy muy sensible y no sé gestionarlo. Evitación, negación, sabotaje… tienen muchas formas y colores y viven sobre todo en mi cabeza. Con los demás soy medianamente trasparente, aunque no sea un angelito. No me gusta admitirlo, pero también he obviado información por evitar ser juzgada… o que sencillamente me señalen lo que sé que no debería haber hecho o hacer en un futuro. Empiezo a reconocerme en la soberbia, que tanto veo en mi familia. También me reconozco en ese bienestar y calma que por lo visto transmito a los que quiero ¡Esa misma calma que quiero yo para mí sí la transmito a otros!! El problema no está en falta de capacidad, está en saber gestionarme…

Si escojo ser la persona que aporta cariño, calma, bondad, también es de recibo que sea así conmigo misma. Lo gracioso es que me reconozco también en ese patrón tan dañino de mi madre: blanco o negro. No ficha; nada vale. “Si puedo hacerlo mejor, es que no lo hago bien”, por un lado. Evitación, por el otro. Quiero reconciliar a las dos partes de mí. Quiero no huir más, aunque que me dé mucho miedo y llore, y patalee como un niño pequeño. (…) Quiero merecerme la n-ésima oportunidad y que las personas que me apoyan, tú en especial, no se cansen de mí. Porque sí, ahora mismo no pienso que me merezca otra oportunidad más. Viéndolo así, es injusto, pero, por favor, quiero otra oportunidad… y hacerlo bien esta vez. Quiero ponerme al día con las tareas. Quiero integrar lo que he aprendido lo que me has enseñado. Verdaderamente quiero ponerle fin a la terapia, pero no pq no entienda lo que implica, sino precisamente pq lo entiendo. Quiero hacer lo que corresponde y cerrar capítulos.

El caso es que digo eso pero luego no me siento. Eso es lo primero que debo cambiar. Hasta qué punto huyo del malestar y de lo poco que me gusta lo que veo cuando me siento a confrontarme es algo que me espanta en sí mismo. De nuevo, tengo esa sensación en los brazos… es como cansancio muscular, aunque no he hecho nada físico ahora mismo que lo cause.

(…)

He pensado que este ¿agotamiento? embotamiento, esta aversión que noto después del trabajo, es por el trabajo. Recuerdo pensar que no es el trabajo en sí, pq se parece al embotamiento de después de terapia. Es la demanda intelectual y emocional, sin duda, pero sobre todo es cómo respondo, cómo me gestiono yo con ello. Hasta el punto de darme cuenta de que uno de los motivos por lo que no me sentaba es pq lo asociaba al malestar. Que ese malestar tiene frustración, rabia, tristeza, pesar, desesperación, vergüenza, culpa… tiene de todo, menos bonito. Y esa asociación la he causado yo, cual profecía autocumplida, a base de no poner el esfuerzo necesario para hacer las cosas y que no se alarguen en el tiempo. Tanto en el trabajo, el máster, como en la terapia sucede. Me aturrullo, huyo de ello, se acumulan las tareas. Tal vez no las más inmediatas o tal vez no las tareas tal cual, como en el trabajo, sino mi “trabajo” emocional. Estoy en guerra conmigo misma constantemente y por eso siempre me faltan las energías ¡Porque no me faltan energías realmente! Es una sensación, una excusa, además de una coartada perfecta para cuando sí estoy agotada de la constante lucha que los demás apenas perciben en superficie. Por eso, pq lo que no se hace, queda por hacer, sigo donde estoy. Por eso después de años de terapia, sigo donde estoy: más adelante, pero mucho más atrás de donde me gustaría y podría haber estado. Esa es la realidad. He aprendido y estoy más equilibrada, pero sin duda ese equilibrio viene también del esfuerzo que ha hecho otro por mí. Por ayudarme. Y es normal apoyarse en otros, ojo, pero no puedo apoyarme eternamente, ni darlo por hecho. Esa persona es su propia persona; no soy yo. Yo necesito valerme por mí misma, también en lo emocional. No es suficiente con que salga del paso en la casa, en mi gestión financiera o laboral.

Ahora, más que nunca, me doy cuenta de muchas pequeñas cosas… que no son tan pequeñas. De cuándo mando un mensaje por no sentirme sola y de cuándo lo hago por interés genuino en el otro. De que a veces hay una mezcla de ambas cosas. Empiezo a darme cuenta de mi estado interior y qué es lo que motiva mis acciones realmente. Empiezo a… querer plantearme las cosas que me da miedo responder. Como que con la pareja ideal sí querría tener hijos, y que fueran dos, pero que me aterroriza no tener al compañero adecuado o no ser una buena madre. Me aterroriza la idea de transmitir a mi prole la mitad de traumas que me han transmitido o generado mis padres (ambos). O darme cuenta de que incluso si en determinadas circunstancias los tendría, probablemente esa no sea mi vida. Me parece injusto, muy injusto, que la vida de un buen académico deba pasar por ser nómada unos años, pero me estoy planteando seriamente coger esa ruta después del doctorado.

Aun no me he reconciliado con la idea de que no hay tiempo material para todo, incluso cuando se gestiona bien. Mi madre me ha dicho muchas cosas que tenían sentido, cuando no me machacaba con sus cosas, y una de ellas era esa enseñanza: hay que priorizar; debes escoger. Ella no hizo las reglas del juego, sólo me las transmitía. Creo que le debo una disculpa por no valorar lo suficiente lo que sí ha hecho bien. Vivir bajo la presión que ella tenía y siendo una incomprendida no debe ser nada fácil, además de doloroso.

Además… tantas cosas. A veces pienso que no tendré pareja de nuevo, pero porque no habrá un candidato que cumpla con lo que busco y cuyas circunstancias puedan casar con las mías suficientemente, buscando ese punto común y con concesiones. A veces pienso eso porque… no sé, perdí el hilo. Me gustaría tener pareja, pero puede que me acostumbre tanto a mi mundo interior y lo aprecie tanto en algún punto, que me dolería demasiado que al mostrárselo a otro, no lo apreciara en igual medida, o en la medida adecuada. En el fondo tengo miedo de que incluso con mi mundo interno cuidado y arreglado, cosa que ahora no está, no sea suficiente o no tenga la suerte de encontrar a alguien que lo aprecie (¡somo tantos en el mundo!). Me dolería tanto que alguien rechazase sinceramente mi ser más íntimo una vez lo muestre… O saber que nunca lo van a entender del todo, como yo no voy a entender nunca del todo a los demás.

“La soledad del que crece”, me viene en mente. Eso también tendrá que ver. Mientras tanto, si yo no tengo hijos, lo que sí espero es ayudar y enseñar a otros. Que mi paso por este mundo no sea tan vacío y apesadumbrado como me siento yo tantas veces en el fondo. Por lo menos, devolver todo lo que se ha invertido en mí. Eso estaría bien. Seguir aprendiendo, seguir dándome cuenta de cosas que antes no veía y transmitirlo a otros para que también vivan mejor.

[16:45, 18.08.2023]

nachdenkchaos:

Date someone who is a home and an adventure all at once.

perfectquote:

“I can’t promise to solve all your problems but I can promise that you won’t have to face them alone.”

Unknown

Esto es lo que busco. Alguien que sea un apoyo cuando lo necesite.

Desahogo (II)

Es curioso cómo hay días en los que parece que mi vida fuera perfecta o, como mínimo, me va espantosamente bien y cómo hay otros días en los que… nada parece tener sentido. No sé si es hábito de dramatizar, si es que al parar y estar conmigo misma noto ese conocido vacío, si es la mezcla de ambas cosas o es algún otro factor incluso. Lo que está claro es que racionalizo y que este párrafo no vale un pimiento.

Hay cosas que me gustan de mi vida y aún así… me empeño en vivir distraída. Hasta qué punto me paso el día evitando cosas es espeluznante. Todas las veces que no me siento conmigo misma, todas las veces que no me siento con mis notas de terapia… todas las veces que en el trabajo me da miedo recibir un correo con malas noticias, haberme equivocado, haber fallado de nuevo. Me vida la rige mi cabeza, en busca de distracciones y huyendo de miedos. O al menos en mucha mayor medida de lo que me gustaría. Conforme escribo estas líneas, se me… aguan los ojos y noto una sensación extraña en los brazos. Es algo muscular que no identifico bien.

Me dan envidia esos jóvenes de veintipocos que tienen todavía ese tiempo que yo malgasté por delante. Tengo que aceptar que ese tiempo no volverá, incluso si no entramos a valorar si fue malgastado o no. El caso es… que el tiempo no volverá. Como tampoco volveré a ser la misma, si aprendo la lección. Si-aprendo-la-lección, nótese. Esta vez… me di cuenta yo sola (menos mal que empiezo a darme cuenta de cosas yo sola, después de años) de que volví a decirme la misma vaina: “es que no parece que tenga esa edad”. De nuevo me he ilusionado, y mucho, por una tontería de literalmente 2 días. De nuevo, me he dicho la frase. Esta vez, el resorte saltó sobre la marcha: esto ya lo he pensado antes y estaba equivocada. Parece que esa vez aprendí.

Tengo más claro que nunca que sí me gustaría tener una pareja. Que quiero que sea una persona culta, que me dé conversación, con aspiraciones en la vida, que sea independiente y autosuficiente, que sea buena persona y que nos lo pasemos bien en la cama. A ser posible, que sea muy buena persona, que sea un hombre atractivo (se ve que no contemplo mujeres), que en caso de necesidad me pudiera mantener (mientras me busco las castañas para poder mantenerme yo misma). Busco a alguien que sea cariñoso, que me dé seguridad y que no me aburra. Es más, quiero que sea interesante y me sienta orgullosa de la persona que es. Quiero poder presentárselo a mi familia y que vaya bien, que se integre en mi vida. Ese es el tipo de persona que me gustaría en mi vida. Alguien con quien pudiera hablar de futuro y convertirlo en presente, pero con quien pudiera jugar y tener aventura también.

También más que nunca, me doy cuenta de que o ignoro a los demás, o me refugio en los mensajes para evitarme. El lazo que menos estoy cuidando, seriamente hablando, es el mío. El mío conmigo misma. Sí, voy a terapia. Sí, pago las sesiones y estoy ahí, pero como ya me han dicho demasiadas veces, no es suficiente. Necesito hacer más. Necesito no distraerme y aprovechar mejor mis horas. No ya por el concepto de optimización capitalista, en el que uno vale por lo que hace y consigue. No, necesito no distraerme para no alimentar más ese vacío. Ese vacío… en parte lo he creado yo. A base de crear distancia y no atenderme. De ir a conciertos de forma improvisada y disfrazar mi tiempo libre de ocio y de una vida plena, con más cosas que un trabajo que me apasiona (cuando le cuento a otros lo que hago, al menos…). Huyo… también en esos momentos en los que me pongo a ver algo de fondo, a escuchar música, un capítulo, lo que sea, de fondo. Estoy comiendo, estoy ordenando, estoy calentando mis articulaciones y ligeramente mis músculos… y hay algo de fondo. No vaya a ser que oiga mis pensamientos.

Es que ni siquiera estoy tratando de ser dramática xD Es que me veo ridícula cuando lo pienso. Es ridículo vivir así…

(…)

Estoy decepcionada conmigo misma. Por eso me cuesta mirarme. Querría haber hecho más, haber aprovechado mejor mis años. No me termino de creer que tenga 32 años pq me da rabia tenerlos. Tengo la sensación de haber pasado mucho tiempo revoloteando y no construyendo. Que podría haber hecho muchas cosas mejor. Podría haber dejado antes esa relación, o podría haber actuado diferente y que funcionase. Podría haber estudiado con ganas, para no ir por ahí con un título que para mí aporta poco ahora mismo, a nivel de conocimientos adquiridos y que sea capaz de recordar. No me siento nada segura de lo que puedo aportar en el trabajo, más allá de haber leído y que me “suenen” cosas… No me siento especial, ni especialmente necesaria… En el transcurso de los últimos 10-15 años podría haber hecho muchas cosas de otra manera. Podría haber empezado antes la terapia. Podría haber aprovechado infinitamente mejor… el tiempo que llevo yendo. Podría haber gestionado infinitamente mejor mi dinero, cómo lo he gastado y gestionado. Podría haber tenido tiempo libre de calidad, tantas veces… Haber dado paseos en lugar de quedarme en casa mirando el móvil.

“María, ¡qué dramática eres! Tienes la vida por delante y hablas como si te fueras a morir sin haber hecho nada”. El problema es que yo siento así, con intensidad. Para bien y para mal. Igual que cuando algo me gusta, roza la obsesión.

(…)

Es que, en serio, pensaba que a mi edad habría hecho más cosas con mi vida. Siento que empecé a vivir como adulta tarde y que ni siquiera lo hago especialmente bien. Veo complicado tener una casa con 35. Veo complicado tener hijos (aunque no tenga claro que quiera tenerlos siquiera). Esta sensación de que en cualquier momento me puede faltar la tierra debajo de los pies es horrible y, lo peor de todo, es que sé que no estoy peor pq he tenido a alguien dedicado a que no me descentrase más aún. Me siento una carga y un fracaso. No soy capaz de valorar mis éxitos. Mucha… mucha gente ya ha conseguido lo que yo tengo. Hasta cierto punto lo doy por descontado o como que es algo normal. Muchas personas estudian una carrera, o tienen una relación larga (y que no se rompa, que de hecho va bien). Mucha gente se casa. Mucha gente se compra su casa… No estoy en absoluto cerca de nada de eso. Con suerte, podré tener un proyecto interesante terminado dentro de 2 años. Y será para darse con un canto en los dientes ¿te lo puedes creer? Yo quería más de la vida!

Yo quería más de la vida, pero no puse el esfuerzo necesario o no partí de las condiciones adecuadas y, ahora, me noto la rabia y frustración de no conseguirlo. Yo quería una familia normal, que no montase escenas en restaurantes una vez sí y otra también. “Oye, es que yo soy el único de la carrera que trabajaba y estudiaba y no me daba cuenta de que eso afecta al rendimiento”. Pues yo estudiaba y he vivido desde siempre en una casa donde no se puede respirar sin temer que haya un desastre emocional, donde el apoyo faltaba en casi todas las maneras… salvo si sí había resultados, que entonces era un orgullo, “la hija perfecta”, blabla. “Me pregunto” qué tanto afecta vivir en una casa de locos al rendimiento de uno en cualquier otro aspecto de la vida. También crecí en una casa donde creo que no me conocían del todo. Donde se confundía el miedo con respeto. En una casa que era una cárcel y la intimidad de mi cuarto no se respetaba, muchas de las veces. Me daba miedo comprar un fechillo y ponerlo en la puerta, por las consecuencias. Defraudar o molestar a mis padres me aterrorizaba…

En definitiva, me siento un fracaso como adulta. No me reconozco en mis 32. Me veo libre, pero mal. Libre, pq no tengo cargas, ni compromisos… pq no se han podido dar o yo no he sabido lograrlo, no por tener capacidad de movimiento, por empoderamiento. Si me muriese mañana, ¿Qué habré aportado yo al mundo? Únicamente la huella que dejen mis relaciones en cada una de las otras personas, y ni siquiera tengo claro que sea muy buena.

Quiero pensar que además de equivocarme y hacerle mucho daño a un par de personas, he ayudado a otras. Que he aportado un punto de vista o una perspectiva que ha sumado. Me aterroriza morir y dejar de existir, pero más aún ser irrelevante o ser una carga. Irónicamente, mi madre, que se siente inútil, ha hecho más que yo: trajo a dos personas al mundo y las cuidó. Ya es infinitamente más de lo que he hecho yo. A mi edad ella ya estaba aportando a la sociedad más de lo que he aportado yo.

Hay tanto malestar y dolor que necesito llorar aún… y eso que he tenido una vida relativamente fácil. Me siento un puto desastre por necesitar todo esto incluso siendo que he tenido un techo, comida y capacidad económica para estudiar de sobra.

(…)

Lo que me sorprende es que a veces tengo momentos de lucidez. Dejo la mente en blanco y surge: “no soy ni mis emociones, ni mis pensamientos”. Tal vez tengo la necesidad de desahogar, pero no soy ese engrudo de cosas feas.

Hacer esto, sentarse, es agotador. Ahora sí me merezco un premio.“ [17:51, 15.08.2023]

PD: lo que sí agradezco de la madurez es entender que los impulsos, las emociones (bien gestionadas) y tantas otras cosas son pasajeras. No hay nada escrito y la incertidumbre, aunque no me guste ahora, siempre estará ahí. Mientras no me muera, ya se verá. [Media hora más tarde]

Otra vez

No se acaban. Aún tengo lágrimas para esa relación. Sigo pensando que…

Sigo llorando porque te echo de menos. Asumo que tú no quieres tener relación conmigo pq la última vez que nos vimos en privado te dije, y varias veces, “la próxima vez llámame tú”. Han pasado meses de eso… Tal vez fue tan doloroso para ti como para mí. Tal vez tú también tuviste una llamada de 1h al teléfono, casi que dándote cuenta de que esto es real, que lo mejor que podríamos haber hecho por nosotros mismos era no seguir en esa relación. Principalmente pq siento que yo soy más yo y tú eres más tú ahora que antes. Y es curioso, pq digo esto sin conocerte realmente. Tus fotos y lo que hablo contigo, esas pocas veces que nos cruzamos, es que te conozco y yo. Que nunca tendré la mínima comprensión de cómo eres realmente. Eso era cosa del pasado, de cuando sí estábamos juntos… y ni siquiera pienso que lo hiciera bien.

He dicho mucho que el último año casi llegamos a ser una pareja funcional. Una que no funcionaba por codependencia. Ahora pienso que parte del problema es que olvidé las cosas buenas que tenía nuestra relación, románticamente hablando. No salíamos apenas de citas y nuestros últimos meses los pasé quejándome de todo constantemente. A veces me vienen flashes de lo desagradable que fui entonces. Si pudiera volver atrás, cambiaría tantas de las cosas que dije…

Mira qué poema me escribiste. Nos enseñaron más de uno y más de dos en el instituto y ninguno me emocionó como lo que tú me escribías. Aquellas primeras veces. Aquellas veces que plasmaste en papel, más tarde, con letra muy pequeña y peculiar. Mucho más redonda que la mía, pero con largos trazos para las letras largas. No puedo no sentir nostalgia. No puedo evitar recordar con relativa frecuencia que eres una persona culta y que sería un placer viajar o discutir temas interesantes. Siento que algo pasó y dejaste de abrirte a mí. Puede que no lo recuerde y fuera yo misma la causante de que ya no te abrieras. Tú decías hacerlo, pero sólo al final me pediste ayuda. Creo que eso fue un par de semanas antes del crack. Del día D. Me pediste ayuda… y yo no estuve ahí. Siento que fracasé de todas las maneras posibles. El único consuelo que me queda es pensar que te quise con locura, pq quiero pensar que incluso si era dependiente, era amor también. En parte, pq escogí lo que pensé que era mejor para los dos. Tú no querías mudarte. Esa era la realidad. En el último momento dijiste querer hacerlo para no perderme, pero la realidad es que tú no querías mudarte. No quisiste hacerlo en un par de años que te estuve diciendo que debíamos definir nuestro futuro. No insistí más pq entendí que te estresaba la posibilidad de fallar, pero podríamos haber cambiado planes, podríamos haberlos hecho de nuevo ¡Daba igual!! La cuestión era avanzar juntos…

Lo más irónico es que tampoco siento que haya avanzado tanto sola. Tal vez ese juicio esté tintado por mis sobreexisgencia. Tal vez no, seguro. E igualmente: ¿qué más da? La cuestión es que ya no estamos juntos. La cuestión es que te echo de menos, y mucho. Querría poder seguir compartiendo lo que me importa contigo. Que me contases que finalmente ibas a estar con Y. en Ortigueira…

Con nadie me doy los abrazos que tenía contigo. Posiblemente con nadie vuelva a sentir el nivel de intimidad que tenía contigo. Lo quería todo contigo. Hijos, casa, matrimonio, vejez. Sueños, viajes, cambios. Lo quería todo contigo… Y en un momento dado me di cuenta de que no tenía sentido, pq el todo que tú querías, no era igual que el mío. La tragedia de descubrir que vivíamos en realidades distintas. Tan próximas y tan distantes. Que pasé años alimentando el vínculo y los sueños y no quise ver que no encajaban nuestros futuros. No quería verlo, no quería aceptarlo. No quería aceptar que no encajábamos. Ni en los horarios, ni en el nivel de ambición en la vida, ni en lo que nos parecía más importante a nivel de pareja. La tragedia de descubrir que, tal y como temía, no seríamos amigos después. Que cortar contigo implicaría perder a mi mejor amigo. A la persona que más quería en este mundo… pq sabía que no estaba satisfecha. Sabía que tú tampoco lo estabas del todo. Pq no vi lo mal que estabas hasta que miré fotos viejas, con perspectiva. No era capaz de “verte”, y así es difícil llegar a nadie. Es posible que tuvieras tanto miedo de defraudarme que me fueras excluyendo poco a poco. Yo estaba tan frustrada con tu miedo y cerrazón, que me fui alejando.

Es increíble cómo tantas narrativas cabían juntas, al mismo tiempo incluso, entre sólo dos personas. Fue un universo que murió. Me pregunto si por tu lado aún quedan vestigios de mí. Recuerdo la tristeza que me daba que tenías hábitos y soniditos y tan pronto yo los adoptaba, tú dejabas de hacerlos. A lo mejor no me di cuenta, quiero pensar que no me daba cuenta, y no fue en vano. Que sí afecté positivamente a tu vida. Que sí me echas de menos o, más bien, que sí me recuerdas. Quiero pensar que hubo amor del de verdad y que no es una ilusión que me cuento para sufrir menos. En otras palabras, que esos 7 años tuvieron un legado.

Si tú me escribieras otra vez, me plantearía verte y… no sé, no creo que debamos estar juntos, viendo cómo nos ha ido por separado, pero si volviese con alguien, sería contigo. Tú eres la única persona a la que podría llamar “mi compañero”. Es tan, tan improbable, pero si de repente nuestros objetivos vitales volviesen a estar alineados, volvería contigo. Me lo plantearía seriamente. Si todavía lees esto, por favor, sé mi amigo al menos. Llámame, mándame un mensaje, mándame un meme en Twitter… Retoma el contacto conmigo. Si la relación no pudo funcionar, no pasa nada; me encantaría al menos ser tu amiga.

Dios, no puedo dejar de llorar. (15.07.2023, 17:53)

Su poema

“Tan lejos, tan cerca
Veamos lo que es ser en la distancia
Ser para estar y desear
que nunca vuelva el pasado y la nostalgia.
Pienso, piensa tú y yo,
la luz de la tarde ante lo esperado.
De desear y de ser,
siempre estar a tu lado.
Respiro al volver a pensar, sin más,
ante la fútil promesa de tocarte.
Cuando todo en tu alma me llama, una vez más,
a volar, y de nuevo, besarte.
- Para mi amor, mi vida, mi todo. Te quiero, T.”

2015 o 2016…

niccillustrates:
“There’s something about the sun on the sea
[niccillustrates]
”

niccillustrates:

There’s something about the sun on the sea

[niccillustrates]

neapolis-neapolis:

image
image
image

Antonio Marras, Questi miei fantasmi (2023), Rampe del Salvatore, Napoli.

(via allthingseurope)

Outburst

Estaba empezando a llorar, me senté y, de golpe, el grifo se cerró. Yo sólo sé que parece que descanso físicamente, pero no dejo de tener un vacío enorme en el pecho. Una sensación de que no sirve para nada lo que hago, ni significa nada. “¿Para qué?”, “vamos a morir todos igualmente”… ¿voy corriendo “a todos lados”, enganchada a la presión y al “uy, qué ocupada estoy!”, para no sentir esto? ¿Tan desesperada estoy por encontrar un sentido?

La verdad es que sí, pero cualquier tapadera que uso se desvela infructuosa con el tiempo. La pantomima. La cortina de humo. Eso que no deja ver, pero que igualmente permite saber que lo que tienes delante no es real.

Creo que estoy oficialmente en la semana pre-regla: sin ganas de nada, depresiva, nihilista perdía. Cuanto más pienso en el trabajo, cuanto más trato de conectar, más sola me siento. Más desamparada. Siendo realistas, es muy, muy poco probable que pueda medrar en la universidad. Estoy muy agradecida de poder vivir esto que “siempre quise” (o al menos desde que supe que existía la investigación propiamente dicho); pero saber que tiene fecha límite me agobia y me entristece profundamente. Me da un miedo horrible salir de nuevo al mundo privado y encontrarme con que mis habilidades no valen una mierda. O que me siento miserable en los trabajos para los que me estoy preparando. Tengo miedo de estar trazando una senda y que no sea la mía. Que no sea la adecuada para mí, siendo feliz.

“Piensa en lo que tienes ahora entre manos y no en el futuro, que ya es bastante”, me digo. Pienso que es lo que me aconsejaría ella, que de nada sirve preocuparme por un futuro que ni siquiera sé si llegará y que, en todo caso, se cimenta sobre lo bien que haga mi presente. El caso es que me cuesta. Me cuesta muchísimo centrarme. Estoy quemada. Muy quemada. Tomé la decisión de no apretar más, de asumir que me he metido en una ciénaga yo sola y que saldría yo sola también, “despacito y con buena letra”. Ahora, mientras lloro ya ni sé exactamente porqué, no sé qué pensar. Lo haré, terminaré el TFM y la tesis, eso seguro, pero me doy cuenta de que no era del todo consciente de lo quemada que estoy realmente y de que en el fondo no estoy bien. Que nunca estoy bien. Lo he dicho más de una vez, y lo tendré que volver a decir, porque sigue siendo real.

ACÉPTALO DE UNA VEZ, MARÍA… nunca has estado del todo bien. Siempre estaba ese vacío, esa sensación de que nada significa realmente nada, que no importo una mierda, que… siempre estaré sola. Abandonada. SOLA. Desgarradoramente sola… Que los demás no van a entenderlo. Que incluso si me abro, nunca me tenderán la mano todo lo que lo necesito. Que puedo ser insoportable y eso hará que nadie me quiera. Que ni mi madre me quería escuchar cuando estaba insoportable. El amor verdadero, el amor incondicional no existe, ni lo veré. Que no existe para mí… Si es para mí.

Llegué a pensar que tal vez tenía algo parecido con él, que me soportaba cuando no era soportable; pero muchas veces sentí que en el fondo nos estábamos conformando. Que renunciábamos a partes de nosotros mismos por poder amoldarnos al otro. Yo tenía sueños de volar, pero prefería tener su calidez cerca. Y me daba miedo que me faltase su compañía. El día que me dijo claramente que no… quería lo mismo que yo, el hechizo se deshizo. Es lo que me he dicho tantas veces, pero ahora que lo pienso, tal vez escuché claramente lo que me dijo pq el hechizo ya estaba roto. Yo ya no iba a endulzar más lo que me dijera, o a mirar a otro lado, con tal de seguir juntos.

(…)

Me paso el día posponiendo y no haciendo mis tareas y así pasan años de terapia sin que esas voces se hallan acallado. Apenas estoy en la fase en la que les doy volumen para poder oírlas… Me odio por eso. En realidad, creo que no me aprecio en absoluto a veces. La prueba de ello es lo que me cuesta quererme bien: comer bien, ducharme después de hacer ejercicio, relajarme antes de dormir (y así no pasarme horas “comiendo techo”), cuidar mis lazos… Me ha costado una barbaridad empezar a responderme que “bueno, ”“”“no pasa nada”“”“, la cuestión era empezar”. Incluso si no me creo a mí misma. Al fin y al cabo, ¿por qué iba a creerme? Me he decepcionado y mentido a mí misma demasiadas veces. Me siento un alcohólico que está empezando a evitar la bebida. Puedo darme cuenta, al menos a veces, de que lo “que me pide el cuerpo” (no me lo pide el cuerpo) es algo dañino para mí. 32 años y aún estamos con estas cosas.

(…)

A veces quiero darme un pequeño capricho. Un premio. Y me doy varios en el día incluso. Al menos en este último par de semanas he sido muy indulgente conmigo misma. El problema está en que no sé asociarles una victoria completa, o que cuando quiero hacerlo, me digo que “tampoco es para tanto”.

Eso me recuerda que tampoco he mejorado realmente en lo que al perfeccionismo se refiere. Casi parece que fuese un caso perdido. Lo que tampoco entiendo es que hay una voz pequeñísima diciendo que no lo soy. Es la misma que me decía lo de “”“"no pasa nada”“”“.

Y también recuerdo pensar y decir a un amigo hace poco que esa faceta jovial, juguetona, curiosa, risueña de mí es mi estado natural. No entiendo cómo puede esa niña grande convivir con el vacío que siempre me acompaña. O qué pasó con la faceta reflexiva y a la que le gustaba entender la semántica de las cosas. Bueno, en cierta manera, ha mutado o se expresa en esa "curiosidad científica” que me ayuda a hacer las buenas preguntas. Eso que pienso que es mi fuerte en el trabajo y que, curiosamente, es lo que más resuena con mi forma de ser.

(…)

Y así, ese torbellino interno se calmó. (13.07.2023, 22:35)

satanasaeternus:

image
image
image
image

A.J. Hamilton - ‘Lilith and the Serpent’